Saltear al contenido principal
(+34) 670 011 920 hablamos@emotioncoach.es

La casa, los niños, el trabajo, la familia, los amigos, las redes sociales, vivimos en un agobio constante y al límite de nuestras posibilidades, haciendo que cualquier situación imprevista, nos saque de nuestras casillas. Mensajes como “no llego a tiempo” o “no puedo con todo” se convierten en parte de nuestro lenguaje interior. A todo ello, se le suman otras preocupaciones como la solvencia económica, los problemas en el trabajo o la enfermedad de algún familiar. Todo parece cargarse a nuestra espalda y nos crea una tensión y un malestar que no nos deja desconectar ni siquiera para conciliar el sueño. Esta, es la gran mochila con la que viven muchas personas en su día a día. El estrés es considerado uno de los grandes males de nuestro tiempo. ¿Sueles pensar que el día no tiene las suficientes horas para llevar a cabo todo lo que te propones?

¿Qué es el estrés? Es una respuesta natural y automática del organismo, que posibilita la adaptación a los constantes cambios que se dan a nuestro alrededor. El estrés se pone en marcha cuando nos enfrentamos a situaciones que consideramos amenazantes, o que requieren un esfuerzo extra. Por ejemplo, es normal que nos sintamos estresados durante la evacuación de un incendio. Ante esta situación, se activan una serie de respuestas en nuestro cuerpo (físicas, cognitivas y conductuales), que permiten enfocarnos en la solución que nos ayude a salir o resolver esta situación.
Las circunstancias o estímulos que pueden ser considerados como estresores pueden ser infinitas. Podemos dividirlos en tres grupos:

  • Sucesos vitales intensos y extraordinarios. Suponen cambios puntuales pero de elevada intensidad emocional en la vida de las personas. Serían acontecimientos como una boda, una muerte o una mudanza, entre otros.
  • Sucesos estresantes cotidianos. Son situaciones que se repiten de forma ordinaria pero suponen una intensidad leve. Los atascos de camino al trabajo, las discusiones con nuestros hijos, o un dolor de cabeza que se repite, son algunos ejemplos.
  • Situaciones de tensión crónica mantenida. Son situaciones que pueden generar estrés intensamente, y pueden perdurar en el tiempo. Este tipo de estresores son los que provocan mayor malestar y que suelen tener peores consecuencias para nuestra salud. El mal ambiente laboral, una larga y grave enfermedad, o tener una precaria situación financiera durante largo tiempo, están incluidos en esta categoría.

¿Eres capaz de identificar cuál es el origen de tus preocupaciones? ¿Consideras como fuente de tu estrés alguno de estos ejemplos?
Que una circunstancia se considere estresante o no, dependerá de cómo se evalúe la situación, y de si nos creemos capaces o no, de hacerle frente. Es decir, la interpretación que hacemos de una situación es más importante que el hecho objetivo en sí, para definirla como posible productora de estrés o no. La misma realidad, puede ser vivida de modo muy distinto por dos personas diferentes, y lo que unos consideran como estresante para otros sin embargo, no lo es. Hay personas que durante un atasco se enfadan y no pararan de tocar la bocina, pensando que llegar tarde será la causa de su despido, mientras que otros aprovecharán este momento, bien para disfrutar de la música que están emitiendo en su emisora o bien para pensar en la lista de la compra, ya que entienden que ante esa situación, poco o nada pueden hacer.

El problema con el estrés aparece, cuando esta respuesta, que debiera ser puntual y funcional, se intensifica o se hace constante en nuestra vida, provocando una sobreacitvación casi permanente. El estrés negativo (distrés) puede alargarse en el tiempo o cronificarse (como en el caso de una persona inmersa en un matrimonio infeliz) teniendo un alto coste físico y psicológico en quien lo sufre. Las consecuencias que el distrés pueden tener sobre nuestro organismo pueden ser muy variadas, e ir desde cefaleas, tensiones musculares, falta de concentración, pérdida de memoria, trastornos gastrointestinales, aumento de la tensión arterial, hasta problemas más serios como los cardiovasculares. El estrés, también influye de forma negativa, disminuyendo nuestro sistema inmunológico, haciéndonos así, más vulnerables ante ciertas enfermedades. Es común, que en épocas de estrés, seamos más susceptibles de sufrir procesos víricos como por ejemplo, gripe o herpes, debido a esta disminución, en nuestras defensas. Por tanto, el estrés debe ser tratado cuanto antes, para que nuestro organismo no se vea amenazado ¿Has sufrido alguna de estas consecuencias derivadas por el estrés? ¿Cuentas con las herramientas necesarias para enfrentarte ante la aparición de posibles estresores?

¿Cómo podemos actuar ante el estrés para disminuir su efecto? Existen una serie de recomendaciones que pueden ayudarnos bien a que esta reacción no aparezca, o bien a reducirla una vez ya está presente.

  • Tener una actitud más positiva ante lo que nos ocurre. Nuestra actitud es decisiva a la hora de enfrentarnos a los desafíos que nos prepara la vida. La gente con una actitud optimista tiende a ver como un reto situaciones que otros ven como amenazantes, sin embargo, las personas autoexigentes y perfeccionistas, suelen tener más propensión a vivir estresadas.
  • Disminuir o eliminar substancias que puedan contribuir al aumento de los niveles de estrés como por ejemplo el tabaco, la cafeína o el alcohol.
  • Hacer ejercicio. El ejercicio físico puede servirnos para contribuir a la reducción del estrés de modo eficaz. La práctica de ejercicio físico favorece la liberación de endorfinas creando sensación de relajación y reduciendo sensiblemente la ansiedad.
  • Contar con apoyo social (familia, pareja, amigos). Nuestro círculo cercano puede ser de gran ayuda, como método para reducir el estrés, bien sea echándonos una mano cuando lo necesitemos, o bien, ofreciéndonos apoyo emocional (escuchándonos).
  • Descanso. Es muy importante tener una correcta higiene del sueño. La falta de sueño es una de las causas más comunes de estrés. Asimismo es importante que dediques tiempo para el ocio usándolo como modo de desconexión de las rutinas diarias.
  • Practicar técnicas de relajación, yoga o meditación para mantener a raya nuestra activación física y mental.
  • Gestión y planificación del tiempo. Recapacita sobre qué cosas con las que te sientes agobiado son realmente urgentes, cuales importantes y de cuales puedes prescindir. Prioriza las tareas y no intentes hacer muchas cosas a la vez.
  • Estas son sólo algunas sugerencias que pueden servirnos a la hora de enfrentarnos a este trastorno tan común en nuestra sociedad y en nuestro tiempo.

¿Qué es estresante para ti? ¿Notas las consecuencias de vivir en una situación de estrés constante? ¿Estás preparada para hacer frente al estrés?

*Imagen bajo licencia Creative Commons.Fuente Pixabay

EmotionCoach Team

EmotionCoach Team comparte las experiencias e historias de Oscar González, con el objetivo de ayudar a personas y organizaciones a alcanzar sus metas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share This
Volver arriba